miércoles, 7 de enero de 2009

EL COMIENZO (IV)

En la capilla de Santa Condunia, siempre tan sucia y oscura, estaba teniendo lugar la pelea. El ambiente estaba tenso. El lugar a rebosar y el ring marcado con tiza en el suelo. Ernestito Piñata, el mas listo del grupo de Rodolfo, contó los pasos suficientes para hacer, mas o menos, una figura de rectángulo. Desde el lado de Ernestito, y teniendo en cuenta que era un poco bizco y que, además, era daltonico, un poco miope, astigmático y tenía un defecto visual que los ópticos de toda España intentaban determinar, la figura parecía un rectángulo. Pero lo pintado en el suelo adquiría tonos surrealistas, poliedricos y demás desde diversas partes de la capilla.

Olía a sudor y a humo. Rodolfo habia puesto a Julianna y a una amiga de esta a vender tabaco a los niños de segundo. Rodolfo, tal como decía Fiena, y corroboraba la señorita Juanita con largas horas de trato a sus espaldas, era capaz de sacar dinero hasta de la figura de la Santa. Lo que las maestras no sabían era que allí, justamente y ante la mirada de la Santa, se celebraban los combates.. Cuando el lugar estuvo lleno, se mandó cerrar las puertas. Gigi Ferruño bisbiseó la recaudación en el oído derecho de Rodolfo. Habían llenado y aun tenían posibilidad de hacer una segunda sesión. A Rodolfo le parecía bastante difícil que los luchadores quisieran volver a luchar después de aquello...Y, además, estaba el concurso de "Mojad al jilipollas". La imagen de Moe Cocon, tan torpe él, se le apareció. Pensó en la notas tan altas que sacaba Moe y la idea que le daba vueltas por la cabeza, como un moscón, pareció definirse un poco mas.

De los rincones de la capilla surgieron Sacco y Vanzetti, ambos acompañados de sus respectivos pupilos. Aplausos y abucheos en general.

Fiena avanzo por el pasillo. Le pareció escuchar un extraño griterío al final de las clases. Revisó todas las clases pero no encontró nada raro. Pasos en el pasillo: Eran Juanita, la profesora de Griego, Romula y Rema, las gemelas gordas que trabajaban con Pedro Botero en la cocina, y una mujer desconocida que reconoció como la nueva mujer de la limpieza. Juanita, al ver la mirada interrogativa de Fiena, señaló a la mujer:
‑ Me la encontré mientras venia hacia aquí; me dio pena y...
‑ Ya ‑ interrumpió con gesto adusto ‑ ¿quieres ingresar en el culto? ‑ La mujer asintió ‑ Tu nombre.
‑ Virgiliana.
‑ Es un nombre bonito ‑ Susurró Rema a su hermana
‑ Escucha Virgiliana: nuestro culto es serio y secreto,¡¡ay de ti como digas a alguien que existe!! ‑ Fiena le dirigió una mirada tan malvada que Virgiliana, que era una mujer bastante tonta (Y lo mismo pensaría Fiena de ella al descubrir que se había acostado con el imbécil de Ulpiano Teteno y que este, haciendo honor a su sobrenombre de "Tetilla" (o "tetina" como también era llamado) le habia dejado un tanto dolorida cierta parte de sus anatomía) comenzó a llorar ‑ ¡A callar! Iniciemos los ritos. Primero la sangre.
‑ Siempre me mareo al ver sangre ‑ dijo Virgiliana ‑ pensé que esto seria mas divertido ‑ Fiena acuchilló a Juanita con la mirada, esa mirada tan suya que congelaba a gran numero de estudiantes y profesores.

Ulpiano Teteno estaba hablando solo. El salón de actos estaba mas vacío que la cabeza de Julianna. Ni siquiera los profesores se habían atrevido a acercarse, ya que temían lo que les esperaba detrás de la puerta desconchada: Ulpiano y sus peroratas sobre la vida de Santa Condunia la Manca....Y aquello era más de lo que podían soportar. Pero nada arredraba a Ulpiano cuando decidía hacer algo. El tenía que dar una conferencia y la daría....¡Claro que la daría!.
‑ ...... y ese dato es revelador para conocer la personalidad de nuestra santa fundadora, quien siempre se preocupó por el alpiste de sus pajarillos, el pienso de sus caballos y la comida de los pobres de espíritu, corazón, estómago y bolsillo que acudían a ella en busca de respuesta a sus problemas. ¿Y que me dicen de aquel momento en la vida de la eminente Condunia cuando... ‑ La puerta se abrió y dos figuras se crearon a contraluz. Ulpiano las observó.
Una de las figuras era de Don Rospulcio, quien habia terminado por fin su misa y que se acercaba al auditorio para ver el exito que habia cosechado Ulpiano. Sonrió tercamente enseñando los bordes de su dentadura postiza
‑ Je, je ‑ rió en voz alta ‑ al menos yo tenía a tres alumnos....Este no tiene a ninguno.
La segunda figura era, como se podía esperar, Moe. Este se quedó hasta el final de la misa y hasta que Rospulcio había salido. El cura le preguntó por qué no se iba a la porra y le dejaba en paz (Moe sabia que huiría hasta el bar de la esquina, donde habia quedado para jugar, como cada día a esas horas, con unos viciosos al Domino y... como siempre... perdería el dinero que le daba su ya anciana madre para el desayuno y la merienda) y Moe le respondió que le seguía porque había decidido meterse a Cura y que le veía como su guía espiritual. Moe, mientras decía esto, veía asomarse a los esbirros de Rodolfo. Aquello del guía espiritual y de la vocación encantó a Rospulcio, quien ya había desistido de tener un converso bajo su manto (Y no quería recordar a aquel patán que le dijo que era un santo y que se acercaba a él para robarle el vino y las sagradas formas, que luego cambiaba en el mercado negro del antecesor de Rodolfo, el que habia acabado en la carcel dos días y medio después de salir de allí) y había abrazado fuertemente a Moe diciendo que era maravilloso que él (Moe Cocon) se hubiese atrevido a confesar que él (Rospulcio) era su mentor espiritual y que quería seguir los pasos que él (Rospulcio) marcaba.
Moe dirigió una mirada desolada al local vacío y a Ulpiano, quien estaba al fondo y les miraba fijamente, esperando que alguno se atreviese a trasponer el umbral hasta llegar allí. Tragó saliva y adelantó lentamente un pie hacia el primer escalón. Sus movimientos eran seguidos, como a cámara lenta, por Rospulcio y Ulpiano. El primero, al ver lo que Moe iba a hacer, le agarró de un hombro
‑ ¡Quieto, insensato!...¿Acaso sabes a lo que te expones si penetras en este lugar?
‑ Lo sé, Don Rospulcio...pero mi vocación espiritualoide/cristiana me pide una buena obra de caridad, y aquel pobre hombre ‑ señaló a Ulpiano con la cabeza ‑ está necesitado de un oído amigo y de una paciencia infinita con sus diatribas.

El corazón de Rospulcio, que siempre se enternecía ante las películas de Cantinflas y su buen corazón, se partió en dos. Estalló en lágrimas amorosas que dejó caer, como gesto de deferencia, sobre los hombros de Moe
‑ ¡ALMA NOBLE DE CORAZÓN PURO!...tus acciones son tan hermosas que estoy tentado de acompañarme.
‑ Acompáñeme entonces..
‑ No, me pides un sacrificio que no puedo dar...¡Animo compañero espiritual!...Nos veremos... ‑ Y Rospulcio huyó antes de que Ulpiano llegase junto a ellos.
El director se asomó al pasillo:
‑ ¿Qué pasa? ¿Entra alguien o no?
‑ Es que están abajo, no saben si subir.
‑ Pero tu estas aquí, Moe de mi corazón. Escoge un asiento y escúchame ‑ Moe se sentó en la ultima fila ‑ ¿no podrías ponerte mas cerca?. Me dejaré la garganta gritando para que me oigas.
‑ ¿No fue Santa Condunia quien dijo: Una garganta dolorida te acerca al cielo, bienaventurados los que gritan con y sin razón, porque seguro que se les oye ‑ Improvisó Moe. Ulpiano no tenía ni idea de si aquello lo habia dicho Condunia, pero Moe era tan inteligente y sabía tanto que seguro que tenía razón.

No hay comentarios:

Publicar un comentario