miércoles, 7 de enero de 2009

EL COMIENZO (III)

El bar reunía a lo mas destacado de la fauna del colegio. Había chicos y chicas que se juntaban en el llamado "rincón de los terroristas" a planear sus próximas gamberradas y atentados contra la integridad física de los profesores de dibujo y física. Nadie sabia muy bien las razones por las que sólo se metían con estos profesores y no con el resto, pero eran herederos de aquellos que iniciaron el grupo hacia mucho tiempo y que iban pasando la antorcha a aquellos a los que consideraban adecuados y suicidas. Un amigo de Rodolfo había ofrecido a este meterse en el grupo, pero Rodolfo había desistido diciendo que no le interesaba pertenecer a un grupo como aquel. En lo que llevaba de tiempo de vida, la ultima promoción del "rincón de los terroristas" había mandado a la calle a tres profesores de dibujo y al manicomio a dos de física. Ultimamente parecían tener problemas con una profesora de física que parecía dispuesta a declararles abiertamente la guerra y cuya resistencia física la permitía sobrevivir a diversos atentados y huir en el ultimo momento de un aluvión de problemas y proyectiles. Nadie sabia como, pero la profesora había creado un "G.A.T." (grupo Antiterrorista) entre sus propios alumnos, y ya habían sido hospitalizados dos miembros de los terroristas.

Rodolfo pidió dos cervezas, las dos para él y ninguna para Julianna, y se dirigió al cuarto de baño. En el interior reinaba el humo y la música a todo volumen. En cada reservado se amontonaba el equipo de los boxeadores. Dio dos golpes en cada puerta:
‑ ¡EH!. Asomad vuestras cabezas piojosas, entrenadores ‑ Al oír la voz de Rodolfo, emergieron los entrenadores oficiales de las peleas: Sacco Y Vanzetti. Ambos tenían largas y cuidadas cabelleras castañas que eran la envidia de más de una chica, eran los mejores entrenadores que había en el equipo de Rodoldo y Gigi Ferruño.
‑ Hola jefe ‑ dijo Sacco con su voz de Castratti ‑ ¿Cómo va eso?
‑ Marchando ‑ respondió Rodolfo con tono duro
‑ ¿Te ha hablado Gigi sobre las apuestas? ‑ pregunto Vanzetti, de quien Rodolfo sospechaba tenía tratos con Gigi para quedarse más de lo que le correspondía
‑ Ivan parece que lo lleva mal ‑ respondió Rodolfo mientras dibujaba círculos en el aire con el humo del cigarro ‑ ¿no podías haberte buscado algún chico mas fornido?
‑ No teníamos ningún triángulo amoroso montado ‑ se quejó Vanzetti ‑ tuvimos que improvisar uno ‑ dijo después bajando la voz para que no le escuchase ninguno de los contendientes ‑ Aun así hemos creado expectación, me han llegado rumores de que van a venir chicos y chicas de otros colegios.
‑ Odio que hagan eso ‑ gimió Sacco ‑ nunca podemos dar cabida a todos... sospecho que habrá que hacer algo, tal vez podríamos improvisar un segundo combate...
‑ el problema es el espacio ‑ dijo Rodolfo con aire entendido ‑ tenemos que buscarnos un lugar mas grande. La capilla de la Santa se nos ha quedado pequeña.
‑ ¿El comedor? ‑ sugirió Sacco
‑ No, Pedro Botero nos ensartará en su pincho moruno si no le ofrecemos mas dinero del que estoy dispuesto a dar ‑ exclamó Rodolfo
‑...¿Y el gimnasio? ‑ dijo Vanzetti, quien, para Rodolfo, tenía siempre buenas ideas ‑ Podemos llegar a un acuerdo con el Moro, ya sabes que siempre está sin un duro porque se lo gasta todo en bebida.

Rodolfo se acarició el labio inferior. Vanzetti comentó un par de veces a Sacco que Rodolfo "parecía un ejecutivo cuando hacia eso"
‑ Tal vez ‑ dijo después de pensarselo ‑ pero ya no tenemos tiempo de pillarle.
‑ Estará en la tasca de siempre.
‑ Si, pero demasiado borracho para atender a nuestras razones... Cuando el capullo está muy borracho afirma que es una mierda y que debería presentar la renuncia al Tetina y luego castrarse ante la Manca.
‑ La de entradas que podríamos vender con eso ‑ Exclamó con entusiasmo Sacco.

La mañana se deslizó hacia la hora de la pelea. La misa oficiada por Don Rospulcio resultó ser insoportable hasta para los propios profesores. La señorita Fiena inicio la desbandada cuando, como primera frase de su sermón, Rospulcio tomó aire y gritó un "¡ARREPENTIOS PECADORES!" que hizo que un chico se asustase y sus lentillas saltasen por los aires y cayesen al suelo, con lo que se organizó una expedición de búsqueda y captura que prometió hacer mas llevadero el sermón... Pero alguien encontró las lentillas y el chico asustadizo salió con los círculos transparentes en su mano izquierda. Fiena soltó un ruidoso "debo ir a ayudarle" y salió disparada. Cuando Rospulcio comenzó a hablar sobre el celibato y los fornicadores y afirmo que: "Aquellos que forniquen sin estar casados deben ser castrados con las pinzas de depilar... poquito a poquito", todos los profesores solteros que se habían atrevido a asomar sus narices, se dieron por aludidos y salieron diciendo que habían aparcado mal el coche y que escuchaban jaleo en el exterior. Lo curioso es que Rospulcio dirigía su mirada, al decir esto, a Teteno, quien estaba pelando la pava en la primera fila con la nueva chica de la limpieza. Pero Teteno, si sabía que se dirigía a él, no lo demostró, sino que siguió pelando la pava.
Cuando se acercó la hora del descanso ofrecido por los profesores entre la misa y los soliloquios de Teteno sobre Condunia... y cuando los pocos alumnos que no habían emigrado vieron que el sermón continuaría hasta que a Don Rospulcio se le acabase la cuerda, se fueron en bloque.. Tan sólo se quedaron Juanito Pi y Jorge Tertulios, porque eran sordos y estaban muy interesados hablando entre ellos a señas y cada uno en un extremo de la iglesia... Y también se quedó Moe Cocon.

Moe Cocon era el chico más inteligente que había pasado por aquel colegio desde hacia más de veinte años. Tenía una memoria prodigiosa y una facilidad para todo que era increíble. Pero Moe tenía un problema, tal vez no era UN PROBLEMA sino que era EL PROBLEMA... Y este era que tan sólo le apreciaban los profesores y el director. El resto de los alumnos parecían tenerle una tirria especial. Moe, generalmente, les fustigaba con su mirada de desprecio desde detrás de sus gruesos cristales de gafas. Eso parecía servirle. Moe no era insociable ni introvertido, todo lo contrario... era una persona agradable cuando se le conocía bien, pero la cuestión es que nadie quería conocerle, ni siquiera los que eran maltratados ni los más tontos que eran abobinados y ahogados en el charco. ¿Qué había en Moe que todos notasen y les empujase a mandarle a tomar viento fresco?: El Exito. Moe, según todos los profesores, era un triunfador nato... todo lo que se propusiese, según Fiena, lo lograría. Fiena era la persona que más parecía valorarle, y llegó a escribir en su diario. "Moe es una gran persona, lo mas brillante que me he echado en cara desde hace eones... Casi me dan ganas de tener un hijo para ver si me sale un poco parecido a Moe". Jamás dijo esto a nadie, ni siquiera a sus mas íntimas amigas ni a su psiquiatra ni a sus amantes ocasionales.

Y el mayor enemigo que Moe tenía en el colegio, que recordase lo tenía desde el primer segundo del primer minuto de la primera hora de la primera clase de la primera mañana del primer día de la primera semana del primer mes del primer año del primer curso (Y sentado en la primera fila), había sido Rodolfo Ghierro.

El primer día de clase, Roberto había organizado una timba de dados en la parte posterior de la clase y Gigi Ferruño abogaba por hacer un concurso de eructos.
La profesora les había pillado y les había azotado las manos y luego había señalado a Moe diciendo: "Mirad que "chico tan mono", todos deberíais ser como él". Y Moe, aunque después reconoció que había sido un gran error, había practicado con gran exito la hipocresía de la sonrisa que su madre le había enseñado a poner. Al finalizar la clase, Rodolfo le había hecho dar su primer paseo horrible a los urinario y le había hecho meter la cabeza en un retrete y tirado de la cadena: "Y no me jodas, ¿Vale?" le había dicho después. Moe no sabia, por aquel entonces, lo que era Joder, pero se prometió que se enteraría de lo que era.
Con el paso de los años, los paseos de Moe hacia los urinarios habían sido muy frecuentes; como resultado de tanta agua, a los catorce años comenzó a perder el pelo. Su madre le llevó a un especialista y este le dijo que Moe debía llevar el pelo muy corto hasta que viese síntomas de mejoras. Por aquella razón Moe siempre iba al cero... o como mucho al 1‑N (Siendo N cualquier numero aleatorio entre 0 e infinito).Rodolfo, por el contrario, siempre llevaba el pelo al X+N (siendo N cualquier numero aleatorio entre 0 e infinito) y decía que Moe llevaba el pelo al cero porque tenía predisposición a tener Piojos... A la gente le hacia gracia al principio, pero después alguien dijo a Rodolfo que cambiase de chiste y ese alguien salió del colegio con un par de dientes menos y prometiéndose no ser tan bocazas nunca mas.

Pero Moe, en las amargas noches que seguían a los amargos días de las burlas y los paseos al urinario de Rodolfo y su "troupe de payasos" tan sólo se consolaba pensando que él seria algo en el futuro y llevaría el pelo por los tobillos cuando saliese del "Majara beach"... Y que Rodolfo, por el contrario, seria sólo una persona inútil e insignificante y que acabaría mal por su predisposición a ser insoportable.

Moe era el elegido de Rodolfo para el concurso de "mojad al jilipollas"; al fin y al cabo Rodolfo había ganado desde hacia cinco años gracias a él. Moe sabía que Rodolfo le buscaría después de la pelea y que le arrastraría al concurso. Siempre se dejó llevar... eran unos minutos de humillación y luego todo acababa. Pero ese año algo había cambiado y sus deseos de marcharse de allí crecían a cada minuto, pero sabía que no podía escapar. Rodolfo habría apostado a sus seguidores en las salidas para interceptarle. Su única salvación era huir del discurso del "Tetina" al sermón de Don Rospulcio y luego seguir huyendo a las insoportables diatribas de Ulpiano Teteno, quien habia salido de la iglesia con la sonrisa del que sabe que se va a acostar con la nueva mujer de la limpieza. Todos los profesores habían huido y cada uno se habia encerrado en su lugar particular. Nadie sabía muy bien que era de la vida de los demás en momentos como aquellos; pero Moe si lo sabia... Llevaba años observando a todos los profesores, tanto los que salieron huyendo por miedo al "rincón de los Terroristas" y a Rodolfo y compañía, como los que se habían quedado.

Moe, en aquellos momentos, era la persona que tenía toda la información sobre todos los profesores en todos los momentos que estos estuviesen en el colegio... y a veces hasta fuera del lugar. Moe, con su mente casi mítica, habia llegado a comprender las motivaciones de todos los que podrían tener algo de interés para él... Sabía, por ejemplo, que Don Rogelio, el profesor de Lengua y literatura, estaba casado y que su mujer no accedía a sus deseos masoquistas, por lo que tenía un apartado postal donde recibía cartas de masoquistas que valoraba (y apreciaba) en los momentos en los que se encerraba en el cuarto de baño de los profesores, al que Moe, por ser quien era, tenía acceso para cambiar los rollos de papel higiénico. Rogelio habia tenido contactos carnales masoquistas en cinco ocasiones, en diversos moteles con distintos nombres que Moe tenía apuntados en una agenda... Moe era el único que sabía por qué Rogelio aparecía cansado a veces y porque nunca se apoyaba en el respaldo de la silla o en la pizarra, como solía hacer siempre. Y más y más secretos se ocultaban en su agenda, que crecía cada día un poco mas en espera de tener un buen uso.

No hay comentarios:

Publicar un comentario