miércoles, 7 de enero de 2009

EL COMIENZO (I)

Era día de fiesta en el colegio. Era la fiesta de Santa Condunia La Manca. El director y los profesores, algunos con más entusiasmo que la mayoría, habían confeccionado un programa que fuese, o eso querían ellos, muy interesante para todos.

Nueve de la mañana. El director ofrecerá un discurso
diez y cuarto de la mañana.descanso. Diez y veinte de la mañana.
Misa oficiada por Don Rospulcio, el profesor de Ética, Latín,
Religión y director de los cursillos de "cristianos sin tacha".
Once y veinte. descanso. once y media.discursos del director sobre
la vida y obra de Santa Condunia.


Con este interesantísimo programa, los alumnos habían confeccionado el suyo:

Once y veinte de la mañana: Pelea a tres asaltos entre dos alumnos
de tercero de BUP que se pelearon por una chica. El vencedor se llevará
a la susodicha como premio. Precio: Un euro. Doce y media:
concurso de tirar huevos a los coches que pasen por la calle y a las
respuestas mas originales a los insultos de los conductores.
El ganador podrá participar gratuitamente en el resto de los concursos
o de los eventos que tendrán lugar. Una de la tarde: Maratón de resistencia
con los enanos de sexto y séptimo; ganará aquel que menos llore o el
que salga del parque sin sangrar. Participación gratuita previa inscripción.
una y veinte. concurso de saltos sobre el charco. Una y media:Concurso de
"mojad al jilipollas". Rodolfo Ghierro, campeón en los años anteriores,
ha confirmado su participación.


Aquel día de santa Condunia era muy claro y caluroso. Ulpiano Teteno llevaba un traje que se había comprado para la ocasión. La junta del colegio se quejaba de que Ulpiano se comprase un traje todos los años y lo cargase a la cuenta del colegio..."Hay que dar buena imagen, y la imagen del colegio la doy yo" es lo que siempre decía en las reuniones.
‑ Este año nos sonríe el tiempo ‑ comentó a Doña Fiena, "la hiena", la profesora de Matemáticas y la encargada de cerrar las clases al acabar los horarios. Últimamente siempre cerraba los pasillos durante la media hora de recreo que tenían. Nadie sabía por qué lo hacía... Fiena había dicho que temía que los ladrones robasen las cosas de los pobres alumnos. Pero nadie sabía que hubiese ladrones.
Bueno, todos recordaban a un ladrón, pero había sido un profesor de gimnasia que se llevó la ropa de todos los estudiantes cuando estos estaban en las duchas. Nadie volvió a verle y algunos dijeron que le habían visto en el Rastro vendiendo las ropas a mitad de precio. En fin, también decían que el cocinero mayor, un tipo gordo, sudoroso y asqueroso llamado Pedro Botero, era un ladrón... pero es que Pedro exigía a los alumnos más tontos dinero si no querían que les diese la peor parte de la comida, o lo más quemado. Pero todos entendían que Doña Fiena no se refería, precisamente, a "esos ladrones".

‑ Será una gran fiesta y un gran día... Santa Condunia se pondría roja de emoción si viese esto ‑ Teteno señaló a la imagen de la santa, que algún gamberro, nadie sabía como, había pintado como Bizca y había retocado sus labios con un color demasiado fuerte. "Parece una ramera, ¿verdad?" había comentado la profesora de griego, La señorita Juanita, a Fiena cuando habían sacado la figura para quitarle el polvo de encima, y luego movió un brazo para abarcar a los mas de mil alumnos que habían decidido que tampoco querían estar en sus casas hasta la hora en la que empezaba lo bueno y que estaban dispuestos y preparados para reírse del discurso de Teteno.

La mitad de los profesores no se había presentado, pero como Fiena vivía al lado de Teteno y este la traía en coche todos los días, no podía escabullirse. Había pensado en dejar una nota al director en su puerta diciéndole que no podría ir a oír su discurso porque tenía una tía en el hospital con una hernia ingüinal y que ya vería si podía llegar a sus disertaciones sobre Condunia... pero cuando estaba planteándose todo esto, Teteno había llamado a su puerta para pedirle un poco de azúcar... Aunque Fiena sospechaba que era una excusa para capturarla y llevarla allí. "que asqueroso eres, puerco" pensó Fiena al ver a Teteno sonreír a las hordas de alumnos que se burlaban de ellos.

Ulpiano encendió el micrófono y golpeó la cabeza para ver si se oía bien. Comprobó el volumen como si fuese un entendido y después lanzó su sonrisa típica:
‑ Alumnos de este hermoso centro, me siento orgulloso de veros a todos aquí, con el corazón lleno de amor hacia la figura de nuestra fundadora ‑ señaló la figura de Condunia, a la que algún alumno con movimientos felinos había dado la vuelta, de forma que la pobre Condunia fue objeto de burlas. Cuando Fiena se dio cuenta de porque se reían los alumnos, colocó bien la figura y dirigió una mirada cargada de odio hacia los alumnos.

Desde que Fiena había llegado allí nada mas licenciarse en Matemáticas, pensaba que la vida la había dejado de lado al hacerla estar en aquel colegio y por no darle la suficiente fuerza como para firmar una carta de renuncia alegando cualquier motivo, incluso motivos psíquicos que aquellos monstruos le producían.

Para la señorita Fiena, en el colegio había dos tipos de personas: los tontos y los aprovechados. Unos y otros eran básicamente asquerosos... Muchas veces Fiena se quejaba a su psiquiatra de que no había gente buena y normal en el mundo. El psiquiatra decía que probase a hablar con sus padres para ver si ella había tenido alguna experiencia traumatica en sus días de colegio. Fiena siempre suspiraba "no doctor, son ellos...esos bastardos". Fiena echaba la culpa a los alumnos de no haber conseguido novio ni haber tenido hijos... ellos le habían hecho odiar al sexo contrario; bueno, también Teteno tenía mucha culpa en su odio al sexo opuesto... y tampoco había querido tener hijos... ¿Y si salían como alguno de aquellos aprovechados o como aquellos tontos?. No, gracias, prefería ser soltera y casi célibe. Echó un brazo alrededor del brazo extendido de la santa; si alguien quería mover a la pobre figura de nuevo, sería con ella agarrada como una lapa. Estaba segura de que aquello había sido motivado por la pandilla de Rodolfo Ghierro, el peor pandillero que se había echado en cara en sus años de martirio en aquel lugar.

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